martes, 11 de noviembre de 2008

Julio Romero de Torres. El Pintor del Alma.

Julio Romero de Torres nació en Córdoba el 9 de noviembre de 1874.
Hacia 1914 se traslada a la capital de España, Madrid, en donde entra en contacto con el ambiente intelectual y artístico de la época.
Ese momento comienzan a cobrar vida en sus obras, reflejando la influencia que el pensamiento de su estimado amigo Ramón del Valle-Inclán o el sentir de Rubén Darío, ejercían sobre él. A través de simbólicos paisajes, recreó el mundo psíquico en todos sus matices. La alegoría se convierte así en una de las características predominantes en la pintura del artista cordobés, el bien y el mal, la pureza y la promiscuidad, lo sagrado y lo profano, que son la temática de cuadros como “Amor sagrado” y “Amor profano” o “Las dos sendas”.
Mucho se ha escrito sobre la originalidad de este pintor que en los albores del siglo XX supuso una revolución en el mundo de las artes plásticas y es que, más allá de su depurada técnica, del uso magistral de luces y sombras, del juego exquisito entre realidad y fantasía, entre sueño y vigilia, que está presente en todos sus lienzos, cada uno de sus cuadros es una historia vivida, una historia contada por las manos de quien navegaba por la psicología de sus modelos hasta llegar a lo más profundo de su alma. Dentro de este marco, coloca a la mujer a la que hace protagonista a la vez que espectadora de su propio destino. El pintor la ha de representar como víctima resignada de sus circunstancias y de un mundo de hombres en donde la mujer siente, piensa y se comporta de acuerdo a lo que se espera de ella; pero al mismo tiempo la aleja de los convencionalismos para mostrarla tal y como es, tal y como la ve, dueña de sí misma.
La mujer es la gran transformadora y como tal puede transmutar a la vez que transmutarse interiormente. Por una lado la mujer, por otro la dama. De una parte la fiel compañera, de otra la cortesana. De un lado el recato, de otro la pasión. Como vemos aparece de nuevo la dualidad, el eterno combate entre lo que es y lo que debe ser.
Julio Romero de Torres murió el 10 de mayo de 1930 dejando tras de sí una estela de leyenda y una obra prodigiosa, que pasó de los mil cuadros, repartidos hoy por todo el mundo.
Esta fué la idea que animó la obra del genial artista cordobés . Un concepto eterno, una verdad profunda y desnuda, un penetrante viaje a lo más profundo de aquello que ha sido llamado a ser inmortal: el alma. Nadie como él supo plasmar con el pincel el mundo sutil e invisible que nos rodea, traspasando los límites de las formas para llegar hasta la esencia de las cosas, “...porque los ojos están ciegos. Hay que buscar con el corazón...” . Y en esa búsqueda, el pintor inventó una nueva forma de expresión, un concepto literario de la pintura eminentemente renacentista, en perpertuo equilibrio entre el misticismo, la sensualidad y la melancolía. Teniendo siempre como escenario, eso sí, la enigmática y eterna Córdoba.

3 comentarios:

Callejuelo dijo...

Yo he estado varias veces en su museo de Córdoba. Me gusta mucho ese pintor que "pintó a la mujer morena". Por cierto la mujer que inspiró la chiquita piconera la cual tienes una foto colgada, es de un pueblo de esa provincia y falleció hace unos años

Marijolamejo dijo...

Julio Romero de Torres, pinto a la mujer morena...." yo tb he estao un par de veces allí en el museo y me gustó mucho. En mi ya inexistente blog puse una entrada con esa canción.

Juanela dijo...

Joooooo, po haber si voy yo tb coño!!! Juan planea algo pa ir otra vez, que quiero recordar el primer viaje!!!!!
Bss
Pd: marijo, por que has dejado el blog??? el tuenti te tiene absorbida!!!!.....